El cambio en las redes sociales

En 2020, todo lo que hemos conocido, desde las rutinas diarias hasta las ambiciones a largo plazo, se ha alterado más allá del reconocimiento.

Lo social ha jugado un papel central en la teatralidad.

Con el distanciamiento físico dando forma a gran parte de nuestra experiencia a principios de 2020, en su punto máximo, la primera ola de Covid-19 vio a más de 3.9 mil millones de personas confinadas en sus hogares, el papel de las herramientas digitales y las comunicaciones ha cobrado una importancia aún mayor.

Como resultado, nuestra relación con estos canales, cómo los usamos y cómo nos sentimos acerca de ellos, ha sufrido una transformación irreversible.

En algunos casos, se ha superado la inercia; el contenido en vivo, las compras a través de realidad aumentada y el pago para personalizar un avatar digital son comportamientos que han entrado en la corriente principal.

Problemas sistémicos a la vista

Pero también han salido a la luz problemas sistémicos más profundos en estas tecnologías: se nos ha recordado con qué rapidez se puede difundir la información errónea sobre cuestiones vitales, por ejemplo, y el poder desproporcionado de los malos actores en los espacios digitales.

A medida que avanzamos hacia 2021, veremos que las personas reevalúan el papel que las plataformas deben desempeñar en sus vidas, reconsideran las fuentes con las que interactúan y vuelven a aprender cómo usar las redes sociales de acuerdo con los cambios tectónicos en los impulsores que sustentan nuestro tiempo de pantalla.

Por esta razón, entiendo conveniente analizar cuatro ejes que debemos observar, según el estudio Think Forward de la firma We are Social:

Las personas están reevaluando las cosas que son más importantes para ellos

Agudizando el deseo de prestar más atención a placeres simples de la vida y reconsiderar el papel que pueden desempeñar las redes sociales para disfrutarlos.

Hay una conciencia de cómo estas poderosas herramientas digitales pueden usarse para fines más saludables que ponen mayor énfasis en las cosas importantes de la vida.

La innovación de formatos largos en plataformas

Tradicionalmente de formato corto como Instagram y Twitter ha traído educación y acción a nuevas audiencias. Esto ha normalizado el comportamiento de dedicar tiempo e interactuar con publicaciones en las redes sociales, evolucionando el papel de estas plataformas en la cultura desde los espacios de incidencia pasiva a espacios activos de responsabilidad, aprendizaje e impacto.

La noción de que las pantallas y las redes sociales tienen un impacto negativo

Esa percepción en nuestras relaciones fuera de línea se está desvaneciendo, a medida que las personas comienzan a superar la inercia asociada a las herramientas diseñadas para humanizar las interacciones digitales.

En este panorama, las empresas deberían aprovechar esta oportunidad para facilitar conexiones más íntimas con y entre sus clientes, a través de grupos privados, atención al cliente humanizada y comunicaciones empáticas.

Las personas son más exigentes sobre a quién siguen y por qué

No están dejando de seguir a gente guapa, pero están poniendo más énfasis en el valor tangible que estas figuras aportan al feed. En los últimos años se ha observado una creciente reacción contra los influencers tradicionales, con usuarios inteligentes de las redes sociales que se han desenamorado de un grupo al que se considera irrelevante y poco auténtico.

Este cambio, por supuesto, tendrá un impacto en cómo las marcas se asocian con el talento.

Las estrategias de influencia deberán garantizar que exista una alineación con los valores y creencias de las marcas y de aquellos que las defienden.

Además, para ganar tracción con las audiencias, las marcas deben aprender y emular los comportamientos de esta nueva ola de influencers.


Publicado en Acento, 27 de enero 2021
Foto por Ravi Sharma